DNA Igual de revolucionario que el Plan de Movilidad Sostenible ha sido el posicionamiento de las dos plataformas que representan a los vitorianos, la Federación de Asociaciones de Vecinos de Álava (FAVA), de talante conservador, e Interbarrios, abrazada a la izquierda abertzale. Las dos protagonizaron la semana pasada un momento histórico al unirse y pedir al Ayuntamiento que detenga el proyecto hasta alcanzar, entre todos, el consenso. A su juicio, el plan que pretende destronar al coche en beneficio del transporte público y el peatón es bueno en teoría, pero se equivoca en varios planteamientos, como el modelo de red de Tuvisa o la subida y ampliación fulminantes de la OTA; dos “errores” que se suman, dijeron, a que “no ha habido un adecuado proceso de participación vecinal”. El Gabinete de Lazcoz, sin embargo, no está dispuesto a asumir esta crítica ni la aceptar la exigencia. El concejal de Transportes, Joaquín Esteban, asegura que se está haciendo partícipe a toda la ciudadanía de lo que va a pasar y que, además, el equipo de gobierno sigue abierto a posibles modificaciones. Eso sí, “siempre desde la aportación y la alternativa, no desde el no me gusta y ya está”.
Esteban explicó a este periódico que desde noviembre se han celebrado 16 reuniones para debatir sobre el Plan de Movilidad, la mayoría con consejos territoriales, donde están representadas todas las asociaciones vecinales. La cifra evidencia, a su juicio, “el mayor proceso de participación ciudadana de toda la historia del Ayuntamiento de Vitoria”, por lo que no ve que la paralización del Plan tenga sentido. Sobre todo ahora que camina en la recta final hacia la materialización de una de sus actuaciones estrella, la reordenación de Tuvisa. Por eso, su intención es proseguir con los encuentros. De momento, tiene previstos cinco: con la asociación de vecinos de Lakua-Arriaga, con Salburua, con el centro de mayores de Zaramaga, con el consejo sectorial de la Tercera Edad y con la FAVA, que pese a unirse la semana pasada a la petición de Interbarrios de paralizar el proyecto ahora prefiere dar un paso atrás y seguir hablando.
El Gobierno no quiere subversión, sino la empatía de los ciudadanos. Por eso, su calendario de reuniones no es cerrado. Esteban aseguró que no tiene “ningún problema” en charlar con todas las asociaciones vecinales y colectivos de la ciudad que lo deseen, aunque ahora mismo no estén contemplados en la lista de sus próximos encuentros. Además, les animó a que lancen cuantas aportaciones quieran para modificar o enriquecer el Plan de Movilidad. “No es un catecismo, se pueden hacer cambios, pero lo que no voy a hacer es paralizarlo con todo el trabajo que se ha hecho hasta ahora”, matizó el edil socialista de Transportes.
El único inconveniente es que el Gobierno sólo actúa como transmisor de aportaciones. Es el Aula de Ecología Urbana de Barcelona, la empresa que ha confeccionado el Plan de Movilidad Sostenible para Vitoria, la que valora las sugerencias de los ciudadanos y decide incorporarlas, o no, al actual anteproyecto. ¿Y ha tenido en cuenta alguna hasta ahora? Según explicó Esteban, muy pronto el equipo de gobierno conocerá las primeras reflexiones de los autores del documento.
Lo que está claro es que el Plan de Movilidad ha sido recibido con tanta expectación como reticencia. Sobre todo por la reordenación de la red de autobuses urbanos, que reconvertirá las 17 líneas actuales y hará de los transbordos el elemento clave para poder desplazarse de un punto a otro de la ciudad. Los vecinos se quejan, sin embargo, de que el pseudometro ideado por el Aula de Ecología Urbana incluye “menos paradas”, éstas se encuentran “más separadas que ahora” y “no logra llegar a las frecuencias de ocho minutos” prometidas. Esteban defiende que todos los ciudadanos tendrán una marquesina a menos de 300 metros de casa y que la distancia entre apeadores se ha ampliado precisamente para ganar en velocidad comercial.

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