Diario de Noticias de alava Los vecinos de la avenida de Olarizu, en el barrio de Adurza, han culminado esta semana las quejas contra la insalubridad que generan unos socavones llenos de fueloil que dejó la antigua fábrica de Esmaltaciones San Ignacio en la misma calle. Y es que uno de los residentes del barrio, Felipe Escudero, tramitaba el pasado jueves ante el Ararteko la última reclamación de un largo peregrinaje. Escudero, de hecho, inició las reclamaciones ante el Ayuntamiento de Vitoria, que en repetidas ocasiones desestimó sus peticiones. Tras este rechazo acudió al Gobierno Vasco, pero esta institución le derivó a la oficina del defensor del pueblo vasco.
Ahora será Iñigo Lamarka quien medie en el conflicto, que se inició con la desmantelación de las instalaciones de Esmaltaciones San Ignacio en septiembre de 2006. Esta compañía se dedica desde 1944 a la producción de menaje de cocina y en 2003 llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento de Vitoria para abandonar este solar e instalarse en las afueras de la ciudad, en el polígono de Jundiz.
Al marchar de la parcela que ocupaban hasta el momento y desmantelar todas sus instalaciones, se crearon dos balsas de gran tamaño en los que se acumula fueloil. Los vecinos aducen que la sustancia es un foco de insalubridad. Además, han detectado la presencia de muchos niños jugando en las inmediaciones, por lo que temen por su seguridad física, ya que el vallado que rodea los socavones se ha ido abriendo con el paso del tiempo.
limpiar y cubrir Los vecinos, con Felipe Escudero a la cabeza, esperan que el Ararteko obligue ahora a las instituciones a vaciar de fuel-oil los agujeros, además de cubrirlos con tierra u otro material. “A ver si los políticos se enteran de lo que pasa en los barrios”, afirma Escudero. “Porque es una vergüenza que, además, está a la vista de todo el mundo”, añade el portavoz vecinal.
Y no sólo de los paseantes, como las miles de personas que acudieron hace ahora una semana hasta las campas de Olarizu con motivo de la romería. También, y especialmente, a la vista de los residentes en las 130 viviendas situadas en frente del antiguo solar de Esmaltaciones San Ignacio.
A medio plazo, sin embargo, esta población aumentará considerablemente puesto que está prevista la construcción de 900 nuevas viviendas en el barrio. No quieren los vecinos, sin embargo, perder la esencia de barrio que les ha caracterizado históricamente.
También reclaman conocer el alcance de la descontaminación, si se produce, en una zona en la que tantos líquidos químicos se vertieron. “Si el solar de San Ignacio está contaminado, el de Pemco -otra potente fábrica del siglo XX- todavía lo estará más”, dice uno de los portavoces vecinales, Serafín Lahidalga. “Los informes que hemos pedido, desde luego, afirman que ambas parcelas están muy contaminadas”, añade.
Tras la concienzuda limpieza que se prolongará durante unos meses, aguardarán entonces con ansia el inicio de las obras de calzada y aceras que adecente la zona tras un año de dejadez. Y cuentan con una última preocupación: el posible derribo de las antiguas casas de la zona por parte del Ayuntamiento gasteiztarra, del que desconocen todavía todos los detalles. Y si así fuera, avisan ya los vecinos a una sola voz, esperan contar con pisos en los que realojar a las familias por cuenta municipal.

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