Diario de noticias de alava salburua y Zabalgana rompieron hace tiempo el cascarón y trabajan lentamente para dejar atrás esa estela de barrios fantasmas y aislados que llevan sufriendo como pesadas losas sobre sus espaldas en los últimos meses. Los pisos reciben a sus inquilinos, los columpios de los parques empiezan a ser útiles y las lonjas se desprenden de los habituales carteles de Se vende y Se alquila .

Tal vez, como han venido quejándose los primeros residentes, la celeridad no haya sido el punto fuerte de este cambio, pero es que parece que la habitual tranquilidad de esta ciudad se ha trasladado también a su crecimiento. Es la nueva Vitoria, en la que los barrios de los hijos rodean ahora los barrios de los padres.
En este nuevo extrarradio, los comerciantes abren sus establecimientos llenos de ilusión, con esa mezcla entre ansia y curiosidad que caracteriza a los pioneros que se adentran en tierra virgen. Uno de ellos es Manolo, propietario del pub irlandés Mullin’s, un oasis de madera en el corazón de Salburua, al que su dueño bien podría haber bautizado con el nombre de Hernán Cortés, pues ha sido uno de los primeros de la zona en saciar la sed de sus vecinos, pero a la manera irlandesa. “Esto empieza a moverse, se nota que cada vez hay menos pisos vacíos y los clientes ya no son sólo personas que vienen a esta zona a pasear”, explica Manolo, al que la necesidad de “cambiar de aires” le llevó a abrir este negocio junto a otros socios, en una frase muy repetida por el resto de comerciantes de la zona.
Resulta curioso observar cómo, tanto en Salburua como en Zabalgana, los bares son los negocios más prolíficos: cuatro en el primero, todos sin zona de no fumadores, y ocho en el segundo. “Es lo mejor del crecimiento de toda esta zona, que si te apetece ir a tomar unos potes ya no tienes que irte hasta el centro”, afirman Ander y Toño, mientras beben un par de cañas en la barra del pub.
Caminando entre el Mullin’s y el Hirusta, otro de los establecimientos hosteleros de la zona, se pasa por dos peluquerías, un centro de estética, una tienda de alimentación y otra de prensa. Xiomara, la dueña de este café-bar, tiene claro qué la animó a abrir este local. “Alquilar un bar en el Casco Viejo ya no merece la pena. Cerrar a la 1.30 horas en fin de semana sólo puede ser la ruina”, afirma.
La amplia avenida Juan Carlos I, lugar de paso habitual para todos aquellos que deciden dar un paseo por los humedales, también ve cómo sus lonjas comienzan a llenarse. Por ejemplo, desde hace apenas un par de meses, los vecinos de Salburua ya tienen la oportunidad de sellar sus quinielas y comprar sus lecturas habituales sin moverse del barrio. Marta, que regentaba un local de este tipo en el centro, explica entre risas el radical cambio que ha vivido. “He pasado de despachar el Pronto y el Hola a vender como churros revistas de tunnig o la FHM “, comenta.
los comercios se adaptan
Nuevos clientes
En estos dos barrios es imposible alzar la mirada sin encontrarte con un edificio en construcción, y evidentemente, los trabajadores del gremio son también una parte importante de los clientes de los bares de la zona. David, propietario del bar-restaurante L’or de Zabalgana, así lo atestigua. “Entre semana vienen muchos obreros, pero los fines de semana la clientela es de todo tipo”, comenta. ¿Y por qué abrir un negocio en Zabalgana y no en Salburua, o viceversa, habida cuenta de que ambas son zonas en expansión bastante parecidas? David, que abrió su bar en febrero, lo tiene claro. “No me gusta Salburua, prefiero esto mil veces. Además, a la larga confío en que este paseo se abra y por aquí pase toda la gente que va hasta El Boulevard”, expresa. Xiomara, dueña del Hirusta en Salburua, contraataca y dice que este barrio “es mucho más bonito, y al menos no está tan alejado del resto de la ciudad como lo está Zabalgana”.
En cuanto a los vecinos, para los residentes en Zabalgana la apertura el pasado 2 de julio de un supermercado de la cadena francesa E.Leclerc ha facilitado en cierta medida sus compras. En este sentido se expresa Eneko, vecino de Salburua “de los de obligación, no de los de elección”, según sus palabras, tras obtener un piso de protección en régimen de alquiler. “Es bastante curioso, porque si quiero cortarme el pelo puedo elegir entre tres peluquerías, pero si quiero comprar unos filetes me tengo que ir a El Boulevard y aguantar la caminata y la cola para pagar”, explica este joven mientras pasea a su perro cerca de los humedales.
renovarse o morir
Un ejemplo cualquiera
A estas alturas nadie duda de que abrir un negocio en Vitoria es toda una odisea. En el centro de la ciudad tanto la compra como el alquiler de lonjas supone, en la mayoría de los casos, un desembolso descomunal. Optar por establecer tu comercio en estos nuevos barrios es un riesgo que aún hay que atreverse a correr.
Una de las valientes que optó por esta última opción fue Loli, dueña de Zabalpress, donde los vecinos pueden adquirir prensa diaria y chucherías para los muchos niños que pueblan la zona, “los que me mantienen entre semana”, dice Loli.
Apenas unos minutos de charla con ella sirven para constatar el vía crucis que supone convertirse en empresaria de la noche a la mañana. Esta ex cocinera, que llegó al barrio de Zabalgana tras resultar beneficiaria de un sorteo de vivienda de protección oficial, abrió el pasado mes de mayo lo que en principio iba a ser únicamente un negocio de venta de prensa. “Pero es imposible subsistir únicamente vendiendo revistas y diarios, la competencia de los establecimientos de panadería (que serán dos próximamente y en apenas unos metros) es brutal, cuando además no deberían hacerlo por razones higiénicas”, comenta apesadumbrada. “Al final opté por vender también chucherías y otros artículos para niños, que es lo que mejor se vende”, sentencia.
La población infantil y el alto número de mujeres embarazadas convierten a los nuevos barrios de Vitoria en el reino del monovolumen. Y junto a los niños, la nueva población inmigrante también forma parte de este nuevo extrarradio del siglo XXI. A este respecto, Loli demuestra cómo los comercios deben adaptarse a las nuevas realidades. Por eso, su intención es “vender también revistas de otros países; los clientes árabes, por ejemplo, van a ser clave a corto plazo, pero todavía tengo que conocer mejor sus gustos”.
Los vecinos aún esperan la llegada de servicios de primera necesidad, y para ello es necesario que los nuevos emprendedores arriesguen a instalar sus negocios. “Yo no soy muy optimista, muy pocos se van a animar a abrir aquí una tienda si no están seguros de poder tener un mínimo de éxito, y para eso sólo hace falta una cosa, más vecinos”, afirma Maite Gutiérrez, de la tienda de revistas Hemen. Estos pioneros actúan de conejillos de indias para el resto de comerciantes dispuestos a instalarse en estos nuevos barrios.

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