A dos días de que grupos que trabajan con personas excluidas se reúnan con el Consistorio bilbaino para tratar de desbloquear el proyecto Onartu, las asociaciones vecinales reclamaron una solución consensuada.
Agustín GOIKOETXEA | BILBO
El Ayuntamiento de Bilbo y organizaciones que trabajan por la inserción de personas excluidas o en riesgo de ello se reunirán mañana, en un encuentro en el que estará sobre la mesa la voluntad de la asociación Bizitegi de buscar una solución a la problemática del centro de día de baja exigencia Onartu.
Vecinos de Txurdinaga -agrupados en el colectivo Bihotz Berria- se oponen a la apertura del equipamiento social, al estimar que se pretende «imponer» el proyecto a pesar del rechazo ciudadano. Consideran que el emplazamiento no es el más adecuado para una infraestructura de estas características, citando, por ejemplo, que se sitúa a 25 metros de las puertas de un colegio público y que la configuración de los bloques de viviendas con patios interiores y soportales generará inseguridad.
Ayer por la tarde, Bihotz Berria convocó una nueva concentración frente al local de Onartu, en la confluencia de las calles Fernando Jiménez con Julián Gaiarre, para reiterar sus posiciones a la vista de la reunión de mañana, que cuenta con el aval de 4.300 firmas.
Por la mañana, en rueda de prensa, habló del polémico asunto la Federación de Asociaciones Vecinales de Bilbo, preocupada por el cariz que ha adoptado este conflicto y origen de la creación de Bihotz Berria. Para las AAVV, todo el problema parte del «desinterés» con que son tratadas por «algunas instancias municipales» las iniciativas de asociaciones independientes creadas para cubrir lagunas en la asistencia social a indigentes o otros grupos marginales por causas como alcoholismo, toxicomanía o enfermedad mental.
Así, la Federación cree que las autoridades municipales han hecho dejación de sus responsabilidades, lo que unido a la «clandestinidad» con que Bizitegi desarrolló el proyecto de marzo a octubre, ha enconado el conflicto en Txurdinaga hasta límites peligrosos. A pesar de que entienden que hay motivos para las quejas de parte del vecindario, aseguran que no se puede pasar por alto «la insensibilidad con que algunos sectores vecinales pretenden ocultar este problema y desplazar su atención y asistencia hacia otros barrios».
Para la federación que agrupa a 20 colectivos vecinales de Bilbo cuando se impulsa la apertura de un centro como Onartu se tiene que «analizar conjuntamente las diferentes opciones y emplazamientos, seleccionando áquel que ofrece, en principio, la menor afección a su entorno humano y el mayor consenso». Además, estiman primordial que se escuche a las partes afectadas y se pide a las instituciones que promuevan medidas de carácter compensatorio en el campo urbanístico, social y cultural para cubrir carencias que pueda crear.
«Una vez puesto en marcha el funcionamiento del centro, debe garantizarse un seguimiento periódico compartido por todas las partes», defienden desde el movimiento ciudadano de la capital vizcaina.

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