Badaya disfruta ya del honor de haberse convertido en la primera calle en prepararse para formar parte de una de las seis supermanzanas en que divide la ciudad el Plan de Movilidad Sostenible, que persigue restringir el acceso de vehículos y ganar espacio para el peatón.
¿Y en qué se distingue de las otras arterias? Entre otras cuestiones, por Badaya sólo se puede circular a treinta kilómetros por hora como máximo, y sus plazas de aparcamiento se destinan de manera exclusiva para los residentes. De momento, el Ayuntamiento ya ha delimitado los estacionamientos con las rayas verdes, aunque no entrarán en servicio hasta principios del próximo año.
Marian Gutiérrez, concejala de Vía Pública, recordó ayer a pie de calle que Badaya, al igual que la recién peatonalizada Ricardo Buesa, sirven además para conectar el centro con el Casco Viejo, una estrategia incluida en el plan Alhóndiga, cuyo objetivo es renovar las arterias para beneficiar así al comercio.
Para ello, las obras que se han desarrollado en esta vía vitoriana han consistido en ensanchar las aceras y en dotarla de un carril bici que parte de la confluencia con Domingo Beltrán y se introduce en la Avenida de Gasteiz tras atravesar Badaya en sentido contrario al de la circulación de vehículos. «Entendemos que se puede hacer así porque la velocidad límite es de treinta kilómetros por hora. Además, este bidegorri conectará en un futuro con Ibaiondo», destacó la edil socialista.
Los trabajos se han realizado en dos tramos, entre la Avenida de Gasteiz y Gorbea, y entre esta última y Domingo Beltrán. La inversión ha sido de casi 1,5 millones de euros, aunque las fuentes de financiación han sido diferentes. El primero -450.000 euros- se ha reformado por iniciativa vecinal al incluirlo en 2008 entre sus propuestas para el presupuesto municipal; el segundo -950.000 euros- ha corrido a cargo del Plan E de Zapatero.
Aparcamientos
La reforma ha eliminado los aparcamientos en batería que existían en una de las aceras al sustituirlos por otros en línea. Las farolas, el pavimiento y el mobiliario urbano son nuevos. Ahora, los operarios se afanan en terminar los últimos remates. «Se trataba de ganar nuevo espacio público y de mejorar la calidad de vida. Se ha conseguido un espacio para vecinos y comerciantes», destacó Gutiérrez.

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