DNA Tomaron esta decisión antes de conocer la polémica por los ruidos e inundaciones que ha sufrido un residente6.000 euros al año es lo que han ganado desde 1999 los vecinos del portal 27 de la calle Juntas Generales por alquilar su azotea a una compañía de telefonía móvil. Desde el sábado, y tras leer la página 11 de la edición del DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA de ese día, se tiran de los pelos por haber firmado el contrato que les esposó a la empresa durante una larga década. Les preocupa que los tentáculos de metal que asoman en su tejado puedan ser los culpables de que en el bloque de al lado tres personas hayan fallecido por distintos tumores y de que otras cuatro luchen contra el cáncer. Por suerte, a partir de mayo todos vivirán más tranquilos. Los que aceptaron la colocación de los aparatos a cambio de un jugoso ingreso y los que sucumbieron al terror. Ese mes desaparecerán, y para siempre, las antenas.
El descubrimiento de los casos de cáncer en el portal 25 ha sido el colofón, aunque la decisión de romper con la compañía telefónica viene de unos cuantos meses antes. La promovió Gregorio, el vecino que tiene los aparatos justo encima de su cabeza, harto de sufrir continuas molestias. “He tenido que soportar ruidos que no me dejaban dormir, inundaciones… Ha sido una tortura”. Según cuenta, los problemas comenzaron hace unos cinco años, cuando la empresa con la que los residentes habían suscrito el contrato realquiló sus redes a otra firma.
Con la nueva compañía, recuerda Gregorio, los aparatos empezaron a ocupar cada vez más y más espacio, y entonces surgieron los contratiempos. “El camarote que está encima de mi piso es el que contiene los amplificadores, los ventiladores, el aparato de aire acondicionado… Se han roto varias veces y la casa se me ha llenado de agua. Y como el espacio no está insonorizado, el ruido de los equipos se mete en casa. Si lo permitido es 25 decibelios, he llegado a soportar 33”, relata. Para colmo, las denuncias que ha interpuesto en este tiempo han servido de muy poco. “Ya se sabe cómo es la burocracia. La compañía ha ido alargando los plazos y se ha ido de rositas”, sostiene.
Eso se acabó. Aunque la empresa le ha ofrecido “más dinero” por renovar el contrato, Gregorio ha sabido decir no. Tener una antena a cambio de 6.000 euros al año “no compensa”. Y menos aún, con siete casos de cáncer al lado de casa.

Utzi erantzuna

Zure e-posta helbidea ez da argitaratuko. Beharrezko eremuak * markatuta daude