blogurbanismo El País publicaba un artículo de Jordi Borja, geógrafo-urbanista y co-director del Programa de Postgrado Gestión de la Ciudad en la Univesitat Oberta de Catalunya (UOC), el pasado 22 de diciembre acerca de los retos de la ciudad del siglo XXI.
Se centra sobretodo en Barcelona en particular y comienza citando al arquitecto David Mangin que acaba de recibir el premio Nacional de Urbanismo de Francia, y que alertaba en su discurso al recibir el premio, de la amenaza que sufre hoy en día el espacio publico, teniendo en cuenta la realidad urbanística de las ciudades periféricas construidas entre los sesenta y los setenta. Y no solamente se refería a Francia sino de manera general a aquellos mecanismos que han provocado, fruto de construcciones masivas respondiendo a la fuerte demanda de vivienda durante los años 60 y 70, que haya muchos barrios enclavados en los que marginación social y económica están a la orden del día.
En boca de Mangin: « Lo que predomina ahora son los espacios uniformes, sin vida urbana de las periferias, y las áreas de enclave, cerradas, especializadas, en la ciudad compacta, lo que aún llamamos ciudad aunque cada vez lo es menos. La ciudad con historia no representa más que el 5% de las zonas urbanas francesas… “.
Las declaraciones de Mangin van en el mismo sentido que la introducción del Anuario Territorial de Catalunya correspondiente al 2007, y presentado en Barcelona el pasado mes de noviembre. En el Anuario, se recogen las actuaciones urbanísticas más importantes, sin escrúpulo alguno a la hora de evaluar los efectos tanto positivos como negativos sobre el territorio, en total se ha recogido más de 200 operaciones urbanísticas. El anuario se elabora desde la Sociedad Catalana de Ordenación del Territorio que forma parte del Instituto de Estudios Territoriales.
Como decíamos, la introducción a la que hace referencia Jordi Borja y que ha sido redactada por el ex responsable de Urbanismo de Lleida y de Barcelona, explica cómo la ciudad se ha vuelto un objeto de expansión inmobiliaria sin tener en cuenta la problemática de las periferias y la complejidad de la ciudad compacta con todos sus elementos, sus habitantes que viven la mayoría de las veces en barrios enclavados que acusan un envejecimiento del parque de vivienda y que empobrecen las condiciones y la calidad de vida, así como problemáticas que constituyen preguntas y retos del futuro como la cuestión del alojamiento de las nuevas poblaciones que llegan del extranjero y las necesidades de techo social y de políticas públicas seguras.
A modo de balance de lo que se ha estado haciendo en urbanismo durante las últimas décadas, Borja afirma que ha faltado una intervención pública más eficaz sobre el suelo urbanizable. El planeamiento urbano no ha sido gestionado en muchas ocasiones conforme a la vocación del suelo sino conforme al dinamismo del mercado. Por ello se han visto nacer a muchas plataformas de ámbito local y que han ido en contra del urbanismo especulativo, consiguiendo en algunos casos, como lo menciona Borja, « reducir los impactos negativos ».
Queda saber lo que va a pasar ahora, teniendo en cuenta el marco de crisis actual. El reto de Barcelona consiste pues en ser innovadora sin olvidar que forma parte de Catalunya y por lo tanto no debería alejarse de una política comunitaria para el bien de la totalidad del territorio. Menos encerramiento en sí misma, y más coherencia y puesta en común urbanísticas.

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