DNA Tres caballos campan a sus anchas en la trastienda de Errekaleor. Al otro lado del barrio, una familia de Timisoara (Rumanía) ha acampado en la orilla del río, un caudal de ratas y porquería. A pocos pasos, en el aparcamiento cinco caravanas han echado raíces. Con vistas a Salburua. Allí, enfrente, viven ya algunas de las 192 familias de Errekaleor que aceptaron la oferta del Ayuntamiento: cambiar sus viejos pisos por una Vivienda de Protección Oficial mayor. Otras familias, 38, continúan resistiéndose a la permuta aglutinados en torno a la Plataforma de afectados. Su portavoz, Albino Joaquín, denuncia que “se está dejando morir poco a poco el barrio; total… lo que quieren es vaciarlo”.
Marcelino Rodríguez pasea a menudo desde Olarizu hasta Errekaleor. Y lo ve cada vez “más apagado”. “Como va a desaparecer, supongo que no les merece la pena esforzarse en ponerlo bien”. Efectivamente, está abocado a desaparecer: Errekaleor será engullido por el sector 14 de Salburua. Los humildes pisos construidos en los años 50 serán sustituidos por 330 casas nuevas.
Pilar Estévez, vecina de 78 años, siente “mucha pena”. “Yo no quisiera marcharme, pero si no hay más remedio… Estoy esperando a que me den un piso en… ¿Cómo es?”. A Pilar no le molestan ni las caravanas ni las chabolas. “Hombre, si no tienen casa, pues qué se le va a hacer; lo que sí me parece más peligroso son los caballos, porque los tienen sin atar”. Tres caballos. Un testimonio de estiércol en plena acera les delata.
Sentada en un banco, contemplando a los corceles, Saturia Castresana descansa con la compañía de Ikram (en árabe, generosidad). “Voy a cumplir los dos ochos en quince días… Y algo he oído, sí; dicen que nos tenemos que marchar”. De hecho, ya se han marchado muchos y la mayoría lo hará a medida en que el Ayuntamiento les entregue los pisos. Ikram lamenta que, a media tarde, el barrio parece un desierto. “Esto está vacío. Nunca hay nadie en la calle: ¡Si no llega a ser por Saturia…!”.
Unos se van y otros vienen. Vienen en caravanas. O acampan sus chabolas. Una familia de rumanos lamenta la “suciedad” del río (seco) en el que viven. “Trabajo en la construcción para un colombiano y no me paga desde hace tres meses; dice que si le pido dinero me pega un tiro”, cuenta el padre de familia. Ellos, como otros vecinos, también se quieren ir, aunque más lejos: a Rumanía. En los portales, un anuncio de la asociación Providencia da a conocer los próximos cursos de bolillos, vainicas, y danzas vascas. Junto a este cartel, otro anuncia una reunión de la plataforma de afectados. Y llegaron a una conclusión: protestarán en el Ayuntamiento por “la situación de abandono” del barrio. Lo hicieron ayer en el Consejo territorial de Hegoalde, y lo harán también por escrito.
realojos “irregulares” En algunas puertas, además, se puede leer que los vecinos barajan denunciar al Ayuntamiento por realojos “irregulares”. Según censuró en febrero Albino Joaquín, “hay vecinos que han accedido a ir a VPO sin escriturar y sin haber renunciado a sus pisos de Errekaleor, donde ahora viven familiares o conocidos de los residentes que ya se han trasladado”.
Antes de abrir este frente, quieren cerrar otro: el pleito que mantienen contra el Ayuntamiento. Hace dos años, denunciaron la construcción de una carretera que supone “derribar el bar, la iglesia y el centro social”, según explica Joaquín.
El Ayuntamiento jugará sus cartas: expropiará las viviendas o, si no hay más tu tía , convertirá estas viviendas en una isla rodeada de nuevas construcciones. Mientras tanto, ratas y rocines siguen merodeando por Errekaleor.

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