Diario de Noticias de Alava Aunque su nombramiento aún no es oficial, cuenta con el respaldo del Pleno para sentarse al frente de la oficina del Síndico cinco años más. Su labor consiste en atender quejas de ciudadanos a quienes, sobre todo, les cabrea que el Ayuntamiento no explique el porqué de sus decisiones

El Ayuntamiento ha decidido renovar la confianza en usted. ¿Cómo afronta su segundo mandato?
Con humildad y agradecimiento, como corresponde.
El nuevo curso llega con novedades, ya que se va a crear una comisión encargada de analizar las quejas de los vitorianos. ¿Qué le parece?
Lo que le parezca bien al Pleno me lo parece a mí. En cualquier caso, puede servir para establecer un cauce de relación más directo y fluido entre nuestra oficina y los partidos e, incluso, para anticiparnos a algunos problemas. Puede ser una fórmula útil.
¿No lo ve como un intento por atarle en corto?
El Síndico no tiene que tener miedo a que le controlen puesto que él es un órgano de control. Estoy lo suficientemente seguro de mi trabajo como para dar cuentas en cada momento; la confianza es buena, pero el control mejor.
No teme, entonces, que vaya a minar su poder.
Al contrario, nos va a permitir un contacto directo no sólo con el gobierno sino con la oposición.
Si echa la vista atrás, ¿qué balance realiza de su tarea al frente de la oficina del Síndico?
Hombre, a quien corresponde hacer balance es a la ciudadanía, pero en lo que a mí respecta, ha sido una experiencia muy positiva, y estoy satisfecho.
Sin embargo, los meses anteriores a las elecciones fueron un tanto convulsos en el Ayuntamiento.
Toda actividad tiene sus altos y bajos, como los matrimonios. En conjunto, lo que más me ha impresionado ha sido la cantidad de actividad que despliega el Ayuntamiento y cómo interviene en casi todos los ámbitos de nuestra vida ordinaria.
¿Y no le impresiona la capacidad de queja de los vitorianos?
Bueno, la considero razonable. En la oficina recibimos en torno a 500 o 600 consultas, pero no todas derivan en queja. Las que realmente tienen enjundia y dan lugar a un expediente son en torno a 150 o 180, una cifra que está dentro de lo que cabe esperar en una ciudad como Vitoria.
No se derraman tantas lágrimas.
Creo que no.
Urbanismo es el departamento que más cabrea a los ciudadanos, quizá por los continuos conflictos en que derivan algunas actuaciones.
Creo que se debe a que Urbanismo desarrolla una gran actividad, el crecimiento urbano de la ciudad ha sido enorme y con tanto expediente abierto es más fácil que se cometan más errores, descuidos o irregularidades. Hasta el mejor escribano hace un borrón.
El Síndico es el último clavo al que se agarran los ciudadanos –antes de ir a los tribunales-. ¿Se les ve muy desesperados?
La situación es difícil de medir porque cada uno tiene una manera de expresarse, pero cuando vienen lo hacen preocupados, sin duda, porque nadie tiene por gusto ir contando por ahí sus problemas. Pero, al mismo tiempo, mantienen la esperanza porque tienen una alta consideración del Ayuntamiento y esperan mucho de él. Piensan que si logran plantear bien su reclamación, pueden conseguir que les den la razón. Se mueven en esa ambigüedad, por un lado, la preocupación y, por otro, la confianza.
¿Y evita que muchos conflictos recalen en los juzgados?
Efectivamente. La gente no acude a los tribunales a no ser que se trate de un caso muy desesperado donde se dé un problema económico de gran envergadura.
Se siente satisfecho de su trabajo. ¿También del caso que le hacen en el Ayuntamiento, o esperaba más?
Me siento satisfecho. Tenemos una respuesta favorable del orden del 70%, ya sea total o parcialmente.
Sin embargo, hay casos sin resolver, que siguen abiertos años después. ¿Cuál es su espinita?
Hay un caso muy complejo, que es el del mercado de mayoristas de los Huetos. Básicamente atañe a las relaciones con unas familias que residen ahí, en un inmueble en muy malas condiciones, y que plantean problemas de relación e higiénico-sanitarios. Es de los casos más antiguos, de los primeros que atendí y, aunque se ha actuado, no se ha resuelto a fondo. Otro recurrente sería el de la venta de alcohol a menores.
¿Qué saca de sus casillas al ciudadano cuando siente que la Administración vulnera sus derechos?
La arbitrariedad, cuando no entiende el porqué. Si se le explican los motivos, le podrá gustar más o menos la decisión, pero la puede asumir.
¿Y confía en sus gobernantes o siente recelo?
Es un poco variable, pero el hecho de que la gente reclame demuestra que tiene cierta confianza, aunque a veces lo haga con un tono quejoso. Los ciudadanos esperan mucho de su Administración local.
En su informe agradece a la Policía Local la atención que presta a sus recomendaciones. No ocurre lo mismo con Urbanismo, ¿se ha sentido ninguneado?
Hemos sentido que se retrasaban mucho las respuestas y, a veces, eran vagas y poco precisas.
La legislatura se cerró con la polémica de los chalés de Ali e Ibaiondo. En su informe fue crítico con el gobierno del PP. ¿Recibió alguna llamada?
No, por supuesto que no.
Hubo quien achacó esa ‘dureza’ a un deseo de alinearse con la oposición para mantener su cargo.
Creo que las metáforas las carga el diablo, todo eso de arremeter , atacar , dar varapalos … Lo único que hice fue señalar un problema de tipo objetivo, sin señalar intenciones. Hubo un error en los cálculos, que dio lugar a una situación injusta y lo dije cuando me preguntaron. Nada más. Ni he arremetido contra nadie ni todo lo contrario.
Pero comparte la decisión de resarcir económicamente a los propietarios de los chalés de Ibaiondo.
En principio, quien tendría que ser resarcido -por la constructora- es el Ayuntamiento.
Reclame algo al nuevo gobierno socialista.
Que crea en la figura del Síndico que se creó con tanto consenso.
Vale, pero algo podrá hacer para facilitar su trabajo.
Simplemente, cumplir el reglamento que ellos mismos han aprobado, en cuanto a los plazos de los informes,… Nada extraordinario.

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