El correo Ya son una veintena y el grupo puede llegar a la treintena. Los gatos conflictivos del Casco Viejo, aquellos que han originado problemas con el vecindario en algunos patios como el de San Roque o el paso de ronda de las traseras de Correría, ya tienen un refugio en el que vivir sin abandonar la almendra medieval. El primero de Vitoria. La asociación vecinal Barrenkale comenzó hace mes y medio a recogerlos, desparasitarlos, llevarlos al veterinario, castrarlos, alimentarlos y controlarlos dentro de un perímetro vallado situado en el lugar donde se ha hallado una nevera del siglo XIX y restos de la muralla original de la ciudad del siglo XI.

«Es un éxito. Y no sólo porque hemos sacado animales de lugares donde causaban problemas, sino porque este espacio es una zona de paso para el turismo y los visitantes elogian el trabajo que hacemos y el hecho de tenerlos aquí como un atractivo, como ocurre en las ruinas de Roma», aseguró el presidente de la asociación Rafael Ruiz de Zárate.
Una gran malla metálica aérea impide que los felinos salgan del recinto, aunque algunos ya se han escapado en alguna ocasión. Disfrutan de algunas casetas, comederos y bebederos. Mujeres voluntarias se encargan de su alimentación y cuidado. Barrenkale ha obtenido el apoyo del Ayuntamiento que ha costeado la infraestructura del refugio, una reivindicación largamente pedida por estos vecinos.
Sin embargo, la polémica ya ha arrancado. Grupos como Ekologistak Martxan, Gaia, Atea y alguna asociación protectora de animales no ven con buenos ojos el proyecto. Fundamentalmente, según Andrés Illana, portavoz de Ekologistak Martxan, «porque no hay un proyecto serio detrás que avale que una actuación así es buena para los gatos. El Consistorio ha actuado a petición de una parte sin un informe técnico, sin un papel, sin un estudio mínimo. Sólo para quitarse un problema de encima», indicó Illana, autor precisamente de un informe que trazaba las líneas maestras de cómo hay que actuar ante el problema y que se ha quedado en papel mojado.
«Jaula de oro»
El portavoz de Gaia y vecino del Casco Viejo, Fernando Fernández Arricagoitia, Cibeles, fue más contundente en sus apreciaciones. «Es una estupidez sacar a los gatos de los patios y encerrarlos en una jaula de oro para castrarlos. Esto es martirizarlos», señaló Cibeles que se refiere expresamente al control de la natalidad.
Kepa Tamames, del colectivo ATEA, se muestra muy crítico con el Ayuntamiento por apadrinar un proyecto así. «Los animales deben estar controlados pero en su espacio natural. Es inaceptable que no pregunten a los que sabemos que esto no funciona. Hablan del modelo Roma, pero allí se devuelven a sus lugares de origen y no se les encierra», agregó Tamames. El portavoz de ATEA considera que el plan está lleno de irregularidades y pide que se dé marcha atrás.

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