El Correo Los vitorianos que por trabajo o gusto sobreviven en agosto en la capital alavesa más vale que no tengan prisa por cortarse el pelo, empastarse una muela, comprar carne en su tienda habitual o hasta, según la zona, tomar un café. En la mayoría de los barrios ocho de cada diez tiendas de alimentación han echado la persiana. Con las peluquerías y servicios esenciales, como los dentistas, sucede algo similar. El contraste lo ofrece la zona centro, que late casi con el pulso habitual.

El cierre casi generalizado de buena parte de la ciudad ha llevado a las asociaciones vecinales a lanzar un mensaje alto y claro: «deben organizarse por turnos de guardia, al igual que las farmacias, y paliar así el desabastecimiento de los ciudadanos», coinciden los portavoces de la docena larga de asociaciones con las que ha hablado EL CORREO.
Basta darse una vuelta por Ariznabarra para comprobar que, salvo dos panaderías y pocos bares, el resto de establecimientos están cerrados a cal y canto, incluida una solicitada lavandería.
«El barrio está muerto, da pena. No sé por qué los pequeños comercios no se sientan a hablar, podrían quedar en abrir quince días unos y dos semanas otros, estaría más repartido y sería mejor», propone Ana Osaba, presidenta de la asociación vecinal de Ariznabarra. Con ella coincide Paquita San Bartolomé, del colectivo Uribe Nogales, de Abetxuko. «Hace años, los comerciantes nos poníamos de acuerdo para evitar estos inconvenientes, pero ahora cada uno va por libre, se ha perdido esa proximidad», recalca.
También Pilar Lizarralde apuesta por la alternancia. «En Aranzabal y Lovaina las tiendas de alimentación cierran casi todas, pero al menos hay más bares abiertos». Alicia Martínez del Campo, representante de Zazpigarren Alaba, añade que «si no abren es porque tienen la clientela garantizada y no les importa que durante estos días vayamos a las grandes superficies, que tienen de todo».
Un recurso que ya han asumido en el gran barrio de Lakua, convertido casi en un despoblado, donde las largas avenidas vacías dan fe del poco ambiente vespertino. «El problema se agrava, muchos vecinos se van y a los establecimientos no les compensa abrir», reconoce Carlos Sevillano, de la asociación Lakua-Bizkarra. «Pero afecta incluso a bancos y a Correos y con su horario de mañana, mucha gente no puede hacer gestiones por la tarde», insiste. «Aquí puedes jugar al fútbol de un lado a otro de la calle. Con los que vienen, la caja es la mitad que un sábado», constata Jacqueline desde la barra de La Vitoriana, la cadena panadera que ha decidido abrir.
La excepción de Gorbea
Zaramaga el ambiente está más animado, aunque la mitad de los establecimientos abiertos reducen la jornada laboral a la mañana. Tanto es así que en la carnicería Pérez, por si acaso, advierten incluso de que sí abren este mes.
La excepción que confirma la regla se llama Coronación. En la calle Gorbea, un buen número de tiendas, desde textil hasta de remiendos, no se van de vacaciones. «Nos turnamos y viene bastante gente», asegura Fernanda Bustamante, empleada de una frutería. A ello contribuye, como opina Guadalupe Musas en una boutique femenina, «a que es una calle muy comercial, hay de todo y está cerca del centro». Eso sí, puestos a buscar la cara de la moneda, la mayoría no lo duda: la facilidad de aparcamiento

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