El Correo «Con la moral por los suelos». Así se encuentran los vecinos de las ‘casas rojas’ de Sansomendi. Y es que la plaza, situada entre la calle Paula Montal y la Avenida de los Huetos, presenta «graves deficiencias» una vez acabadas las obras de reforma que han durado diez meses. Antonio Estébanez, presidente de la Asociación de vecinos Huetos-Montal, ha asegurado a EL CORREO que «el hormigón tiene grietas, los suelos no están bien pulidos y las terminaciones laterales no están bien acabadas. Se han colocado unas chapas que no estaban incluidas en el proyecto».


Las más de 430 familias residentes en el entorno de la plaza temen que el material utilizado sea de «baja calidad» y no resista «ni diez años». Por ello, han contratado el servicio de un arquitecto para evaluar cómo ha quedado el recinto tras la rehabilitación.
Estébanez atribuye las deficiencias a la «falta de profesionalidad» de la constructora Opacua, empresa que también se ha visto este año envuelta en la polémica por la edificación de chalés en Ibaiondo.
El presidente de la asociación vecinal no escatimó críticas. «No tienen vergüenza», enfatizó. Y es que, a su juicio, la compañía no ha respondió a sus demandas y preguntas mientras se realizaban los trabajos, a pesar de que veían que «las cosas no se estaban haciendo bien». «Ha sido un desprecio tras otro. No entiendo cómo una empresa así puede trabajar para la Administración pública», concluyó.
La asociación de vecinos ha recogido la firma de «prácticamente» todos los propietarios de las viviendas situadas alrededor de la plaza para protestar por la situación «tan deprimente» que les ha tocado vivir. «Tenemos la intención de llevarlas al Ayuntamiento si hace falta», adelantó Estébanez.
Larga polémica
No en vano, los vecinos que recibieron sus pisos de la mano de la extinta sociedad municipal Vimuvisa a principios de los años ochenta, ya comenzaron a sospechar que había «defectos de obra» en el recinto al poco tiempo de ocupar sus viviendas. En concreto, denunciaron la existencia de «numerosas filtraciones y humedades» en los garajes subterráneos. Por ello, reclamaron, sin éxito, al Ayuntamiento la reforma integral de este espacio. Unas reivindicaciones que han durado casi veinte años.
En 2005 sus quejas fueron, por fin, atendidas en el Consistorio, que un año más tarde puso en marcha la reforma. Todo parecía indicar que de esta manera acabaría una de las polémicas vecinales con más historia en la ciudad.
Sin embargo, este asunto parece que aún va a colear durante mucho tiempo. «La plaza ahora está, por supuesto, mejor que antes», reconoció el portavoz vecinal. Pero «la gente está disconforme porque no se han hecho bien las cosas», matizó.

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