Diario de Noticias de Álava. Jaione Sanz.
“Si suben, me beberé una botella de lejía”. No era la primera vez que originaba problemas, pero en esta ocasión el vecino del cuarto piso del portal 45 de Domingo Beltrán consiguió revolucionar a la comunidad y atraer al turno de tarde de la Policía Local. A las 21.00 horas, el hombre comenzó a arrojar objetos a la calle desde la ventana de su piso. Contra el suelo se estrellaron una maceta, varias botellas de cerveza, cuatro patas de un somier, vasos, un peluche y una gabardina. Alertadas, cinco patrullas se acercaron hasta la zona y la acordonaron.

Por suerte, ningún viandante sufrió lesiones. Mientras varios policías se quedaron en la calle para velar por la seguridad de los peatones e impedir el acceso al edificio de los vecinos que llegaban en ese momento a casa, otros se introdujeron en el edificio. El hombre, un treintañero de origen cubano, había amenazado con suicidarse si los agentes se atrevían a entrar en casa. Pero los uniformados forzaron la puerta y, una vez dentro del piso, lograron detener al vecino.
Al parecer, estaba ebrio y acompañado por su mujer, de origen español, y la hija de ambos. Aunque los agentes se mostraron preocupados por el estado de ellas, los vecinos dejaron claro que los dos miembros de la pareja “siempre han sido muy problemáticos”. Según explicaron, antes de nacer la niña, habían protagonizado intensas discusiones que habían obligado a intervenir a la Policía Local. Después, las amenazas se habían extendido a la pequeña y al resto de los residentes del
edificio. De hecho, hace tan sólo cinco días el arrestado empujó a un vecino al interior del ascensor. “Te voy a pegar”, le advirtió, de acuerdo con el testimonio de una de las residentes.
“Tienen continuas peleas, gritan e insultan a la niña, ponen música a horas intempestivas, mueven muebles a altas horas de la noche y las salidas de tono con los vecinos son constantes”. De esta forma resumía otro de los vecinos la pesadilla que soportan, por culpa de esta pareja, “desde hace mucho tiempo”. Para colmo, hace diez días que los ruidos nocturnos se habían intensificado. “Pensábamos que estaban de obras e, incluso, que estaban organizando un piso patera”, reconoció este inquilino. Aun así, ninguno de los residentes se había atrevido a poner una denuncia aunque ayer descubrieron que todos se lo habían planteado.
Tras el arresto del hombre, a las 22.00 horas, el rellano de la escalera registró un bullicio inusual. Todos los vecinos salieron de casa para poner en común la experiencia. Ahora, sólo esperan que este joven y su familia no regresen al edificio. De momento, el chico ha pasado a las dependencias de Asuntos Sociales.

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